Esta semana hemos visto la publicación de una nueva versión de Linux >From Scratch (LSF), noticia que recogemos en este mismo boletín. La gran virtud de este paquete es que permite a cualquier usuario la creación de su propia distribución Linux a medida y desde cero. Algo impensable en otros entornos, no se trata más que de una consecuencia lógica de la gran virtud de Linux y todo el movimiento del Software Libre: la libertad, valga la redundancia, de elección.
Sin embargo, esta gran ventaja para unos se le atraganta a otros. A las alrededor de trescientas distribuciones Linux conocidas que ya existen, repartidas en diversos ambitos de aplicación (de propósito general, educación, empotradas, de seguridad, basadas en disquete, para diferentes arquitecturas, etc.), ahora hay que sumar la posibilidad de que cada uno se pueda hacer la distribución que quiera. “¿No es esto demasiado?”, nos preguntan algunos usuarios recién llegados a Linux. “¿Cuál se adapta mejor a mis necesidades? ¿Cual es la mejor? ¿Son todas compatibles?… ¿QUE HAGO?”.
Aunque parezca lo contrario, la elección de una distribución Linux es tan “complicada” como comprar ropa, reservar nuestras vacaciones de verano o decidir qué plato tomar en un restaurante. Nuestra elección debe basarse simplemente en el mismo tipo de proceso de decisión, es decir, recabar la información al respecto (características, precio, opciones, servicio post-venta, etc.) y elegir lo más conveniente para nosotros.
Gracias a todas las opciones de que disponemos, siempre podremos elegir la distribución que mejor “cuadre” con lo que buscamos, con la tranquilidad de que la compatibilidad entre todas es muy alta (siempre que nadie intente ejecutar un paquete para Alpha en una máquina Intel, por ejemplo), porque en definitiva todas son lo mismo, es decir, el núcleo de Linux rodeado de numerosas aplicaciones imprescindibles para hacerlo útil y atractivo.
Nuestra recomendación no es más ni menos que el manido pero no por ello menos útil “busque, compare y si encuentra algo mejor…”. De todas formas, la distribución que elijamos también podremos personalizarla hasta el más mínimo detalle, convirtiéndose al final en una distribución “a nuestra imagen y semejanza”.
Cuando alguien dijo “el libro de los gustos está en blanco”, parece que pensaba en Linux, ¿verdad? Hasta la semana que viene.
Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 6 (2ª época) el 3 de octubre de 2001.