Nueva hornada de distribuciones: ¿merece la pena actualizar?

Como ya sabrán nuestros lectores, se avecina otra vez una avalancha de nuevas versiones de las distribuciones más populares. A la recién liberada versión 8.2 de descarga de Linux-Mandrake, se unen la 8.0 de SuSE y la 7.5 Workstation de TurboLinux. Como siempre, parece que las distintas marcas se “ponen de acuerdo” para hacer coincidir sus lanzamientos en el tiempo, en una clara política de marketing heredera de la famosa “contraprogramación” televisiva.

No vamos a entrar a evaluar su dicha política es adecuada o no. Eso lo va a decidir el propio mercado y, por tanto, el usuario final, quien tiene la última palabra. Preferimos centrar esta editorial en analizar qué es lo que nos van a ofrecer estas nuevas versiones y si está justificada realmente su publicación.

En lo referente al software, nos vamos a encontrar lo habitual, es decir, la últimas versiones de los paquetes más relevantes, como el propio núcleo 2.4.18, glibc 2.2.5, XFree86 4.2.0, gcc 3.0.3 ó KDE \2.2. Sin embargo, SuSE destaca en este caso por su arriesgada apuesta por anunciar que incluirá KDE 3.0 en su distribución. Decimos arriesgada porque aún no hay versión definitiva de KDE 3.0 y sus responsables acaban de declarar que aún queda al menos un mes para su salida definitiva, lo que puede llevar a SuSE a retrasar su publicación (algo desastroso desde el punto de vista económico y de marketing) o incluir una versión de desarrollo (lo cual puede ser incluso peor, como ya sabe Mandrake tras incluir KDE 1.9, la beta de KDE 2, en su versión 7.2).

Así mismo, todos los fabricantes han dado más pasos en su camino para estandarizar al máximo sus distribuciones, mejorando su compatibilidad con los proyectos LSB y Li18NUX. Finalmente, hay que destacar el esfuerzo realizado en facilitar la instalación, gestión y uso de cada distribución, haciendo a Linux un sistema cada vez más accesible para todos los usuarios y todas las necesidades.

En definitiva, el hecho de contar con un kernel 2.4 estable y de alto rendimiento, así como de disponer de un entorno más estándar (no olvidemos que el soporte del símbolo del euro está dando más problemas que el “fallo del año 2000”), sumado al hecho de que estos fabricantes se han olvidado por fin de las prisas y carreras por sacar versiones una detrás de otra sin apenas tiempo entre ellas, nos hace pensar que esta vez sí merece la pena hacerse con una de estas distribuciones.

¿Qué marca? Eso lo dejamos al gusto del consumidor, como se suele decir. Hasta la semana que viene.


Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 25 (2ª época) el 27 de marzo de 2002.

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