Esta semana he tenido la ocasión de conocer un programa muy curioso, aunque sea para Windows 9x. Su nombre es Ad-Aware, de la empresa Lavasoft, y su cometido es el de detectar y eliminar cualquier rastro de “adware” y “spyware” en nuestro sistema. Por supuesto, quise ver el programa en acción, así que busqué un equipo instalado con Windows y que se hubiera utilizado para navegar por Internet. El resultado fue pavoroso: decenas de entradas relacionadas con este tipo de software estaban instaladas y el dueño del equipo no tenía ni idea.
¿Qué es esto del “adware” y el “spyware”? Se trata de software que se instala de forma automática y que tiene la función de recabar información de marketing sobre el usuario y de servirle a continuación publicidad acorde con sus gustos. La diferencia fundamental entre ambos tipos es que el segundo se suele instalar sin previo aviso y recaba más información de la que debiera. Sin embargo, esta diferencia es más sutil de lo que parece, ya que en la mayoría de los casos, el “adware” se oculta tras una larga licencia que nadie se lee y que todos aceptan cuando se pulsa el famoso botón de “Siguiente”, por lo que al final terminamos con software no deseado (y del que desconocemos su existencia) en nuestro equipo.
Este tipo de software se incluye por lo general con programas de libre distribución con el objetivo de que el usuario pueda utilizarlo sin costes a cambio de recibir publicidad personalizada. De hecho, basta con eliminar el “adware” asociado a un programa libre para que este deje de funcionar. Dado que suele tratarse de programas interesantes, el usuario se ve casi siempre con muy pocas opciones de elección.
Pero, ¿es lícito el “adware”? Depende exclusivamente del asentimiento del usuario a su instalación. El problema es que en la mayoría de los casos, la instalación del “adware” se le oculta al usuario (convietiéndo, se por tanto en “spyware”), lo cual es inadmisible. Por ello, es fundamental utilizar herramientas como Ad-Aware para estar al tanto de qué se instala en nuestro equipo. El ejemplo que mejor ilustra hasta dónde puede llegar el “spyware” es el del equipo que utilicé como prueba, el cual tenía instalado un reproductor multimedia conocido como BDE y que utiliza los ciclos no usados por nuestra CPU para “cederlos” a una vasta red de marketing diseñada por sus creadores (¡tremendo!). Hasta el “temible” Internet Explorer se presta a estas cuestiones y no es raro encontrar “spyware” que se ha introducido en el equipo por su culpa. En definitiva, no sólo nos espían sino que encima se permiten el lujo de malgastar los recursos de nuestro ordenador (lo mismo que hace un virus, entre otras cosas).
¿Y qué pasa con Linux? Parece que aún no sufre los estragos del “adware” (su aún escasa popularidad en los escritorios no lo hace atractivo a los proveedores de “adware”), pero el usuario de Linux es tan vulnerable a estas cosas como cualquier otro. Afortunadamente, la simplicidad del sistema de configuración de Linux, en el que cada programa tiene o bien un simple fichero o bien un directorio asociado para su gestión (frente a la complejidad del registro de Windows) haría que la detección y eliminación de “adware” y “spyware” bajo Linux fuese realmente sencilla. Así mismo, la trasnparencia de las operaciones realizadas bajo Linux, así como la cantidad existente de alternativas de software sin “cargas oscuras”, otorgan al usuario la libertad de elección que necesita para evitar esta plaga. En definitiva, es más que dudoso el éxito de estos espías en el sistema del pingüino. Quizá este sea el mejor momento para los usuarios de Windows de plantearse la migración a un sistema mejor y más seguro.
P.D.: En Activa Sistemas ha llegado el momento de las ansiadas vacaciones. Por ello, la publicación del Boletín su suspende temporalmente hasta el próximo 9 de Septiembre.
¡Felices vacaciones a todos! Hasta la vuelta.
Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 39 (2ª época) el 8 de julio de 2002.