Linux es un candidato natural a ser utilizado en sistemas empotrados, ya que ofrece el nivel de control y la capacidad de personalización que los fabricantes necesitan. Y, por supuesto, no hay royalties que pagar, lo que supone una buena solución para muchas aplicaciones. No sorprende, por tanto, el número creciente de dispositivos que incluyen un núcleo de Linux ejecutándose en su interior.
Buena parte del código de dichos sistemas se licencia bajo la GPL. A cambio de la ausencia de royalties, existen ciertas obligaciones ineludibles a cumplir por la distribución de código GPL. En particular, un dispositivo basado en Linux debe venir acompañado o bien de una copia del código fuente utilizado o bien una oferta por escrito de envío del mismo en cualquier momento de los tres años siguientes. Mientras algunas empresas ponen los fuentes a disposición de sus usuarios, da la impresión de que otros fabricantes de sistemas empotrados “se olvidan” de esta obligación cuando distribuyen sus productos.
En la mayoría de los casos de violación de la GPL, el problema radica en que la empresa no es consciente de sus obligaciones bajo esta licencia, es decir, que las violaciones de la GPL suelen ser no intencionadas. Con cierta persistencia y cortesía, suele ser posible conseguir que estas compañías cumplan con la GPL. La Free Software Foundation ha sido muy eficiente en resolver este tipo de situaciones hasta ahora. En contraste con su forma de actuar en otros frentes, la FSF trata las violaciones de la GPL con discreción y tacto. Como resultado, la mayoría de las empresas incumplidoras normalizan su situación sin tener que verse envueltas en arduos procesos defensivos a gran escala.
Hasta la semana que viene.
Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 77 (2ª época) el 19 de junio de 2003.