Ha vuelto a suceder. De nuevo, un virus de correo electrónico para sistemas Windows ha puesto de rodillas a los sistemas informáticos de miles de usuarios, empresas y organizaciones de medio mundo. El pasado Jueves, una mutación del reciente BugBear empezó en el sur de Europa su carrera destructiva como un reguero de pólvora hasta llegar a todos los confines de Internet. Como en otras ocasiones, el virus ha aprovechado un fallo de Internet Explorer que permitía la apertura de un adjunto infectado con sólo tener activada la vista previa de Outlook Express. Esta vez, en España hemos podido comprobar qué ocurre cuando un virus ataca antes de que se conozca su vacuna… un desastre.
¿Qué hacer para minimizar el riesgo de infección, si esto es posible? Lo es, implantando un mecanismo de seguridad en tres niveles que puede llegar a inmunizar nuestros sistemas hasta en un 99,99% de probabilidades. Si seguimos el camino que recorre un virus desde que entra en nuestra red hasta que se produce la infección, el primer nivel estaría situado en la pasarela de correo electrónico, un sistema que se encarga de recoger el correo que viene de Internet y de analizarlo en busca de virus y de correo basura o “spam”. De este modo, los virus conocidos nunca entran en la red local. Para ello, es fundamental que el antivirus del sistema se actualice a diario. Obviamente, este nivel no tiene sentido en el caso de usuarios domésticos, que suelen contar con un sólo PC. Por cierto, la utilidad de una pasarela de correo va más allá, ya que posibilita una gestión completa del correo electrónico, pudiendo crear mensajería interna, redirección y duplicación de mensajes o recolección desde buznoes en diversos dominios, entre otras posibilidades.
El segundo nivel se sitúa en el sistema operativo. La mejor solución es utilizar Linux o cualquier otro sistema, preferentemente libre, que no sea susceptible de ser infectado por virus o que, al menos, controle el nivel de daños que pueda causar una infección. Si, por cualquier motivo, esto no es factible, y hay que utilizar Windows, entonces tendremos que hacer el desembolso de un software antivirus de reconocido prestigio y que tenga la capacidad de filtrar los mensajes de correo, algo que no todos los paquetes traen de serie. En este caso, tendremos que actualizar el antivirus a diario, tal y como en el nivel anterior.
Por último, si tenemos que quedarnos con Windows como sistema operativo, el tercer nivel debemos situarlo en los programas que utilicemos como navegador y como cliente de correo electrónico. Dado que una buena parte de los virus actuales intentan aprovechar vulnerabilidades de Internet Explorer y de Outlook Express, que no tienen por qué ser conocidas, la mejor opción es sustituirlos por alternativas fiables, robustas y seguras, a la vez que no perdemos ninguna funcionalidad. Como navegador, recomendamos Mozilla Firebird, libre, mucho más avanzado que IE, muy ligero y con una elevada compatibilidad con los estándares, lo que nos asegura una navegacion fluída por la Web. En el caso del correo electrónico, tenemos paquetes gratuitos muy populares, como Pegasus Mail, IncrediMail o FoxMail, pero sin duda la mejor opción en el caso de una red local es el de implementar un webmail, al estilo de Yahoo! Mail o Hotmail, de forma que los mensajes se muestran como una página web, incluyendo los adjuntos, lo que evita la ejecucion de código malicioso incluído en los correos. Como en el caso de la pasarela, sus ventajas no se quedan ahí, ya que un webmail elimina la necesidad de mantener un programa de correo electrónico en cada PC, centraliza la administracion en un servidor y permite la consulta del correo desde cualquier puesto con sólo arrancar el navegador e introducir nuestro usuario y contraseña.
Llevar a la práctica estos niveles implica un esfuerzo en tiempo y en dinero en cualquier caso, pero está claro que esta inversión siempre será menor que el coste de recuperar nuestros sistemas tras el ataque de un nuevo virus.
Hasta la semana que viene.
Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 76 (2ª época) el 11 de junio de 2003.