Esta semana nos encontramos con la curiosidad de que se hayan producido dos noticias (que recogemos en este boletín) relacionadas con Microsoft y la disponibilidad de código fuente de sus productos. Mientras que en un caso la liberación del código es voluntaria (el juego Allegiance), en el otro se trata del robo de código fuente de ciertas versiones del sistema operativo Windows. Desde Microsoft no han tardado en clamar por el “peligro” que esto supone para sus clientes y usuarios. Es obvio que todos estamos de acuerdo en que se trata de un acto ilegal, pero que se llegue a afirmar que la disponibilidad del código fuente de Windows va a facilitar la búsqueda de nuevas vulnerabilidades para atacar a los sufridos usuarios de Windows ya es otra cosa. No es muy
La gran virtud del software de fuentes abiertas es precisamente eso, que cualquiera puede estudiar el código para mejorarlo, adaptarlo y, si es el caso, arreglarlo. La filtración de código fuente ha puesto a Microsoft en una situación desconocida para ellos: el escrutinio popular de su código. Por supuesto, Microsoft no quiere verse forzada a entrar en el juego del software abierto, por lo que su portavoz en este asunto no ha dudado en atacar a lo que en el mundo del software libre y abierto es ya un axioma: mayor seguridad a través de la claridad y no de la oscuridad. Ya hemos tratado este tema en editoriales pasadas, pero no está de más recordar que la disponibilidad del código fuente ayuda no sólo a los “malos” sino también a los “buenos”.
Entendemos que Microsoft habría quedado mejor ante la opinión pública si se hubiera ceñido a declarar la ilegalidad de la filtración y su preocupación por mostrar abiertamente su tecnología a todos, incluida su competencia. Lo que no llegamos a entender es cómo Microsoft, que pregona la seguridad de sus sistemas, reconoce la posibilidad de encontrar nuevas vulnerabilidades en su código para atacar la mayor virtud del software de código abierto. Como se suele decir, esto es tirarse piedras al propio tejado.
Hasta la semana que viene.
Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 98 (2ª época) el 14 de febrero de 2004.