El ámbito de las TIC que probablemente esté registrando el mayor índice de instrusismo profesional sea el del desarrollo web. ¿Cuántas veces no habremos escuchado frases del estilo “mi primo se ha leído un libro y ya sabe hacer páginas web estupendas” o “tengo un conocido que me cobra 3 veces menos”? La proliferación de herramientas visuales de desarrollo web han provocado que numerosos profanos puedan iniciarse en estos menesteres y que, equivocadamente, incluso se atrevan con proyectos de cierta envergadura, exigiendo a cambio una remuneración irrealmente menor de lo que marca el mercado profesional y a la que la mayoría de las veces no tienen derecho por no cumplir con las obligaciones que les correspondan, ya sean fiscales, profesionales, mercantiles o de preparación.
Es obvio que este aspecto mercantil es de la máxima importancia y muy interesante de analizar, ya que esta competencia desleal podría llegar a matar el mercado actual y que desaparezca toda la calidad que atesoran los verdaderos profesionales del sector, pero queremos centrarnos en esta editorial al efecto nocivo que provoca entre los usuarios: la “desestandarización” de la Web.
Las numerosas herramientas propietarias que podemos encontrar para plataformas Windows, aunque indudablemente reducen el tiempo de desarrollo inicial de un sitio web, producen un efecto “remedio-peor-que-enfermedad” al generar código HTML no estándar que hay que limpiar y estandarizar a continuación, dando lugar a más trabajo del que se habría tenido si se hubiese empezado el desarrollo con entornos que respeten de forma efectiva los estándares de la Web, no sólo en cuanto a compatibilidad con navegadores sino también en accesibilidad para usuarios discapacitados. Esto lleva a un agravio comparativo entre los visitantes de un sitio web, muchos de los cuales no pueden disfrutar completamente de dicho sitio. Esta situación, grave para cualquier empresa, es gravísima en el caso de la Administración Pública, que en cualquier país democrático ha de defender la igualdad entre sus ciudadanos y no forzarlos a utilizar un navegador concreto como Internet Explorer, propiedad de una empresa y de alta peligrosidad para la salud de los PCs, como bien saben nuestros suscriptores.
Curiosamente, quienes mayor ejemplo tendrían que dar son los que más suelen “meter la pata”. No es raro encontrar páginas que sólo se visualizan correctamente con Internet Explorer en los sitios web de la Administración Pública o en grandes bancos. En cambio, tenemos en Andalucía el gran honor de contar con una Administración Regional (la Junta de Andalucía) que no sólo promociona el uso del Software Libre sino que además fomenta el uso de buenas prácticas y la implantación de los estándares en el desarrollo web.
¿Cómo resolver esta situación? Exigiendo a los webmasters como usuarios suyos que somos que estandaricen sus webs en beneficio de todos; eso sí, pidiéndoselo de buenas maneras.
Hasta la semana que viene.
Editorial publicada originalmente en el Boletín de Noticias Linux nº 113 (2ª época) el 4 de junio de 2004.